San Francisco
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Seguimos acariciando está empinada y sinuosa ciudad, hoy raramente no hay niebla y nos acercamos a ver el Golden Gate, de normal semi escondido por la mañana. Lo hemos visto en tantísimas ocasiones que sin llegar a asombrarnos tampoco nos deja indiferentes. Un puente bajo cuyos arcos se dan la mano las aguas de la bahía, inmensa bahía de San Francisco, y el océano Pacífico
En el sube y baja de las colinas hemos descendido por la famosa Lombard sttret, repleta de flores que disimulan sus ocho dobles curvas gracias a las cuales se salva su pendiente del 27% de inclinación. Buscamos y encontramos en el barrio de Castro la calle de su mismo nombre, colorida, ambiente distinguido y llena de vida. Y como no, antes de comer un breve contacto con el bullicio del barrio chino. |
Y de sobremesa Twin peaks, una de las colinas, si no la más, que sobresalen por encima del resto. Desde su mirador la ciudad se disemina panorámica al borde de la bahía de San Francisco; desde ese borde, un bonito paseo irá cerrando la tarde, dibujando siluetas que luego borrará hasta que la luz artificial pronuncie las sombras y comience el misterio que siempre la noche arrastra.
Y aunque nos resistamos, el jet lag todavía nos acompaña esta noche. Mañana, si acaso caso, lo habremos dominado.
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